viernes, 25 de marzo de 2011

Después de la primera etapa


Muy bien, pues hace mucho que no pasaba por estos rumbos. Después de terminar la primera temporada de Nicodemus como proyecto de oración contemplativa con cinco fieles seguidores, que espero hayan obtenido lo que este proyecto perseguia: el encuentro con Cristo vivo por medio de la oración mental.

Muchas cosas han pasado desde la última publicación, especialmente en mi vida. Por gracia y misericordia de Dios me fue concedida la ordenación sacerdotal, don que hoy más que nunca reconozco como algo que me eleva sin yo tener ningún mérito.

La experiencia de consagrar el pan y el vino transformándolos en el Cuerpo sacramentado de Dios, o la maravillosa experiencia de la misericordia y la gracia que se derrama en el sacramento de la confesión, o la vibrante emoción de ver el consuelo y la esperanza en los enfermos que he ungido, es algo, que si no fuera por la gracia de Dios que también a mi me cambió, me aplastaria por su grandeza.

Hoy comprendo que hablar con Cristo para mi, a comparación de años anteriores, no es solo un privilegio, sino que se ha convertido en parte rotundamente indispensable para no hacer de mi ministerio que surge de mi, que no soy absolutamente nada, sino que viene de Él que es verdadero Dios.

La oración diaria me sabe en la boca como el agua que espera un sediento despues de atravesar un largo desierto. Lo necesito. Su ausencia es mi muerte, su lejanía, mi agonía.

Por eso necesito orar, por eso los invito a orar. Busquemos ese rincon fisico y en el alma y asilenciemonos para que Dios empiece a hablar. Busquémoslo de día, busquémoslo a la mitad del día, busquémoslo sobre todo por la noche, como acostumbraba hacerlo Nicodemo y seguro nuestra vida seguirá teniendo un claro sentido en medio de las muchas situaciones oscuras.
Ánimo y bendiciones a todos.